martes, 9 de junio de 2009

NO TODO EL QUE CREE VER VE


De la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios según san Mateo 5, 13-18


En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: -«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente. Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo.»


COMENTARIO


Había una vez un hombre que una noche caminaba por las oscuras calles llevando una lámpara de aceite encendida.
En determinado momento, se encuentra con un amigo. El amigo lo mira y de pronto lo reconoce.
Se da cuenta de que es Manuel, el ciego del pueblo. Y le dice: ¿Manuel, que hace un ciego como tú con una lámpara en la mano? Pero si tú no ves...
El ciego le respondió: Yo no llevo la lámpara para ver mi camino. Llevo la luz para que otros encuentren su camino cuando me vean a mi...
Como la sal y como la luz, de esta manera tan sencillo nos dice Jesús que debe ser nuestra manera de estar y de vivir en el mundo. La sal y la luz, como expresa también una mujer creyente, son elementos de la vida cotidiana que no están llamados a encerrarse, a protegerse o aislarse. La luz se gasta al encenderla, pero, como el ciego del cuentecillo, muchos ven gracias a ella. Y el sitio de la sal no es precisamente el salero, sino mezclada y desaparecida entre alimentos.
Yo creo que el problema está en que, en muchos momentos de nuestra vida, por cuenta propia o incluso utilizando egoístamente los dones que Dios nos da, tratamos de deslumbrar a los demás cuando lo que Jesús nos pide es simplemente alumbrar. Y, claro, al intentar des-lumbrar, aparecer como gente brillante, como si no hubiera más dios que nosotros mismos, lo que hacemos es cegar, confundir, obligar a la gente a cerrar los ojos ante nuestra mediocridad y nuestra incoherencia que es la oscuridad que nos delata.Que el Señor nos ayude a vivir la eucaristía de este nuevo día como un encuentro luminoso con Él, para que también nuestros encuentros con la gente a lo largo del día, sean referencia de la luz que nos visita gratuitamente en la escucha de la Palabra del Señor

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