jueves, 30 de abril de 2009

CREER PARA VIVIR



Juan 6,44-51




En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: "Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios." Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera. Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo."


COMENTARIO:


Si hoy nos ponemos a pensar cómo y de qué manera empezamos a tener fe, a ser creyentes, en seguida nos damos cuenta de nuestra incapacidad de poner "fecha". Si abordamos la cuestión desde otro ángulo y nos preguntamos por algún mérito personal que haya propiciado el habernos sentido objetos del amor y d ela misricordia de Dios, nos sentimos como desconcertad@s , sorprendid@s. Sabemos que hemos hecho "NADA" para mercecer la experiencia de la fe.


Si somos creyentes, si hemos hecho -y seguimos haciendo- opciones por vivir conforme al Evangelio, sea en la vocaciòn que sea, ha sido porque, sin saber de qué manera ni por qué, Dios nos ha atraíod, nos ha imantado, ha tirado de nosotr@s con la fuerza de un imán y nos ha vinculado a su vida y a su Proyecto.


No depende, por lo tanto, de nosotr@s, de nuestros méritos, sino más bien de su misecordia. Esto es una gracia, es decir,algo dado gratuitamente pero que, sin embargo, hay que negociar, que gestionar; es algo a lo que hay que reponder. Esto sí que no lo hace Dios, como por arte de magia. Esto nos corresponde a nosotr@s: personalizar la Palabra, encarnarla , sobre todo, expresarla con y desde la vida.


El Señor, lo sabemos de sobra, no nos defrauda.


Hoy e sun día para darnos la posibilidad de conectar con nuestra interioridad para darnos cuenta de que esa vida eterna de la que hoy nos habla Jesús, no es una situación que está esperando detrás d ela experiencia de la muerte. ¡Què va!. La vida eterna es Jesús. Y Jesús me habita, me vive, nos vivimos.