martes, 5 de mayo de 2009

MIRAR LO HUMANO, DESCUBRIR LO DIVINO


Lectura de la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios según san Juan 12, 44-50
En aquel tiempo, Jesús dijo, gritando:- «El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así, el que cree en mí no quedará en tinieblas.Al que oiga mis palabras y no las cumpla yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, ésa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo lo hablo como me ha encargado el Padre.»
COMENTARIO:
Nuestra vida, lo que somos, aquello que podemos hacer, eso que l@s demás pueden ver, es, debe ser, reflejo de lo que Dios mismo hace posible en nosotr@s. Eso es, de alguna manera, lo que Jesús nos viene a decir en el pasaje del evangelio de este miércoles de la cuarta semana de pascua, es decir, que quien cree en Él, en sus obras, no puede quedarse sólo en eso, es necesario dar el salto a la fe para descubrir al padre que lo habita, que lo mueve, que lo trae y lo lleva, que le regala la experiencia de su cercana misericordia para que también él la reparta y la comparta.
Cuando tantas veces hacemos ostentación de nuestras obras, cuando, como dice J.Luis Perales en una de sus canciones, nos hacemos "pregonamos de nuestras caridades", cuando todavía nuestra fe es mucho de escaparate , de pintura de exterior, de fachada, es bueno preguntarse a qué nos conduce vivir así, qué buscamos, de quién y de qué estamos siendo reflejo o prolongación ¿De Dios? ¿De nuestra alargada sombra, agigantada por un ego inflado, ávido de protagonismo, de ambiciones sin cuento?
Cuántas situaciones se ssiguen dando en nuestra vida donde Dios aparece como un marginado, como un excluido, aunque se nos llene la boca de su Nombre...
Pensarnos a nosotr@s mism@s sin referencia a Dios ¿Es posible? Lo es. ¿Qué sentido y qué significado puede tener nuestra vida sin Él? El que queramos darle. ¿Qué sería de mí sin referencia alguna a ese Tú personal de Dios? NADA, unque yo misma no me lo crea del todo.
De esta situación ambigua es de la que Jesús dice que ha venido a salvarnos. De esta y de otras; ¡de tantas...!
El no ha venido a juzgar. No es Juez. No le va eso. Nos juzgan su Palabra que pone al descubierto nuestra más que evidente mediocridad, nuestra mentira existencial. Nos juzgan l@s demás cuando rebosamos insolidaridad, autosuficiencia, despreocupación, indiferencia... ¿Quién da más?

UNA DE SUSPENSE


Lectura de la Buena Noticia según san Juan 10, 22-30


Se celebraba en Jerusalén la fiesta de la Dedicación del templo. Era invierno, y Jesús se paseaba en el templo por el pórtico de Salomón. Los judíos, rodeándolo, le preguntaban:- «¿Hasta cuando nos vas a tener en suspenso? Si tú eres el Mesías, dínoslo francamente.»Jesús les respondió:- «Os lo he dicho, y no creéis; las obras que yo hago en nombre de mi Padre, ésas dan testimonio de mi. Pero vosotros no creéis, porque no sois ovejas mías. Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre, que me las ha dado, supera a todos, y nadie puede arrebatarlas de la mano del Padre. Yo y el Padre somos uno.»


COMENTARIO:


Ayer decíamos que a lo largo esta semana, la liturgia va a favorecer nuestra oración a través de la imagen de Jesús como buen Pastor, siempre en referencia a lo que hace por sus ovejas, de ahí la importancia de verbos como: buscar, curar, guiar, reunir, conocer, llamar,traer...
Hoy vemos a Jesús que "se pasea" por el pórtico del templo. (Significativo el detalle que menciona Juan: "era invierno") Jesús aparece rodeado, que no acorralado, por los judíos. Él está y es el centro; el Templo queda a un lado. La revelación, la Presencia de Dios, la Palabra, el culto, reside plenamente en Jesús: "Aquí hay uno que es más que el Templo".
Este pasaje, salvando las distancias, remite al capítulo segundo de Lucas donde, a los doce años, Jesús se queda en el templo y Lucas dice textualmente: "Y sucedió que, al cabo de tres días, le encontraron en el Templo sentado en medio de los maestros, escuchándoles y preguntándoles" (Lc 2,46
En este caso, son los judíos los que preguntan a Jesús. Es esa misma pregunta la que podemos hacer hoy nosotr@s : ¿Hasta cuándo nos vas a tener en suspense?"
Cuando leía el pasaje de la Escritura me preguntaba a mí misma: ¿Qué puede significar, en este sentido, estar en suspense?. Recordé como, cuando nos ponemos a ver una película, eso, de suspense, nos vamos sintiendo como cogid@s por la tensión, por la expectación, por la incertidumbre... Queremos llegar al final para ver en qué termina todo. Ese deseo mantendio de conocer, de aclarar, es el que aviva tensión interior, el que capta nuestra atención, el que nos inquieta, depierta el deseo... Es como cuando las personas se enganchan a una telenovela y, al final de un capítulo, sólo abrigan el deseo y la esperanza de que el del día siguiente, las deje en una situación de mayor claridad.
En este sentido, la Palabra nos ayuda a confrontar nuestra experiencia y a cuestionarnos por el modo y la manera de cómo vivir y expresar la fe en Jesús, nuestra adhesión a Él.
Hay otro matiz en la manera cómo interpretar ese "supense" del que hablan los judíos. Estar en suspense equivale a estar como sin apoyos, "en el aire", suspendid@s, valga la redundancia, a la manera de un globo, de una nave espacial, de la porpia tierra en la inmensidad del cosmos. Este estado/situación sería lo contrario de estar arraigad@s, apoyad@s, segur@s, cimentad@s, con los pies en el suelo.
¿Cómo es mi fe? ¿De qué manera Jesús me deja en suspense? ¿Es el suspense que genera expectación, tensión interior, deseo de llegar hasta el final en su conocimiento, o es por ese estar suspendid@s que sería algo así como estar en el aire, sintiendo y viviendo la fe de un modo desencarnado, embelesado, sin un fundamento en el que sentirse segur@s?