jueves, 28 de mayo de 2009

JESÚS + TÚ + YO = UNIDAD

De la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios, según san Juan 17,20-26

En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró, diciendo: «Padre santo, no sólo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. También les di a ellos la gloria que me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno; yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa que tú me has enviado y los has amado como me has amado a mí.Padre, éste es mi deseo: que los que me confiaste estén conmigo donde yo estoy y contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del mundo. Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y éstos han conocido que tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor que me tenías esté con ellos, como también yo estoy con ellos.»

COMENTARIO


Ayer, reflexionábamos el texto de Juan considerando la enorme carga afectiva de aquellos verbos que nos trasladaban la imagen de un Dios, que en Jesús, por decirlo de alguna manera, nos hacía posible acercarnos a él y contemplarlo en su aspecto más femenino, más maternal. Eran verbos que aludían a su hacer con nosotr@s:cuidar, custodiar, dar su palabra, provocando con ello la nuestra, participar de su alegría y enviar a vivir desde la verdad de su Palabra.

Hoy, en sintonía con el texto de ayer, Jesús pide al padre que, como hermanos y hermanas nos mantengamos en la unidad. Esta unidad que Jesús suplica para su comunidad, para nosotr@s, sólo puede ser posible desde el amor y el encuentro personal con Él.
Unidad no quiere decir uniformidad, que todos tengamos que pensar lo mismo. No significa necesariamente, estar de acuerdo en todo, ni hacer las mismas cosas. Esta Unidad no surge de la simpatía, ni siquiera de la empatía de unos con otras ni que haya que excluir, echar fuera cualquier tipo de diversidad, de diferencia. Ni una ni otra son una amenaza para la unidad total en Jesús.

El Espíritu del Señor, que es su Fuerza, su Aliento, su Amor, su Vida en nosotr @s nos convoca a la unidad desde la pluralidad, desde nuestro ser diferentes unos de otros. La diversidad es legítima necesaria. En este Proyecto de Reino que nos exige ser una Comunidad unida, tod@s tenemos nuestra parte de responsabilidad, de compromiso. Para bien o para mal. Siempre es así. Podemos ser lo que optemos ser y aportar lo que optemos aportar: o instrumentos de unión o de des-unión. O una cosa o la otra. Depende de mí, pero también depende de ti.

En la Comunidad de Jesús, a la que hemos sido incorporados cada una y cada uno de nosotr@ caben todos los colores, todas las ideas, todas las culturas, hombres y mujeres, listos y menos listos, santos y mediocres.

Pero esta unidad, igual que ocurre en una familia, no se logra de la boche a la mañana. Esta unidad querida y orada por Jesús es difícil de establecer sin esa figura que en nuestras casas suele encarnar la figura materna. El padre representa siempre la autoridad, la madre, por su parte, encarna esa sensibilidad única para unir a l@s hij@s tan diferentes entre sí.

Esto es lo que hizo y desde el cielo sigue haciendo Jesús con nosotros. Rogar paraque seamos una sola familia; él mismo se ha colocado al frente como modelo para todos. A nosotr@s nos toca continuar la oración de Jesús, seguir rogando al Padre para que ningún tipo de ambición, de codicia, de envidia o de protagonismo desaforado, nos rompa, nos desuna y nos disperse, como vemos que ocurre hoy en tantas familias. La unidad que Él nos ha ganado con su vida y también con su muerte y resurrección es un reto para la Iglesia, entiéndase, para cada un2 de nosotr@s.


Hay para tod@s en la Palabra una llamada a ir superando mentalidades excluyentes, actitudes de juicio y de condena, mentalidades fariseas y puras, para entrar en esa sana pluralidad de ser hombres y mujeres convocados a una mesa común.