lunes, 31 de agosto de 2009

DESENRROLLARNOS PARA SER PALABRA EN LIBERTAD


En el pasaje del evangelio de este día, Lucas nos informa de una escapada, entre misión y misión,que Jesús hizo a su pueblo. "Jesús fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura.Le entregaron el libro del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: «El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado para anunciar el Evangelio a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos la vista; para dar libertad a los oprimidos, para anunciar el año de gracia del Señor.» Y, enrollando el libro, lo devolvió al que le ayudaba y se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos fijos en él. Y él se puso a decirles: -«Hoy se cumple esta Escritura que acabáis de oír.»


Mientras el cura proclamaba la Palabra durante la celebración, me llegaba con mucha fuerza la imagen de un Jesús puesto en pie, afirmado, con autoridad, desenrrolando el "rollo" de la Ley. Me llegaba con mucha fuerza la acción de Jesús, esa de des-enrrollar. Al levantarme, también yo, para hacer las peticiones, sentí la necesidad de compartir con la gente que estaba en la celebración, lo que momentos antes había recibido como gracia, como iluminación para el día.

Les dije algo así como que much@s de nosotr@s tenemos en casa la Biblia: en la estantería (conjugando estética y estática), sobre la mesilla de noche (es decir, dormida), en un lugar de la capilla (como Dios manda) en el caso de las hermanas, en fin... Pero eso sirve de poco, sirve de nada.
La Biblia, como la Torá (el Libro de la Ley) es para abrirla, para desenrrollarla y permitir que sus Palabras provoquen nuestras palabras, las formen y las informen. La Palabra es para que despierte en nosotr@s conversación, diálogo, intimidades... ¡con Él, la Palabra!

Dios tiene un palabra para nosotr@s , para mí. Como Jesús, también cada una y cada uno d enosotr@s puede descubrir su misión y adherirse al Proyecto del Padre en el encuentro con la Palabra. A Jesús le vino de maravilla encontrase con Isaías.
Cuando me encuentro con una Biblia muy manoseada, con evidentes señales de haber sido frecuentemente utilizada, me atrapa un sentimiento de admiración, de veneración. Siempre me he resistido mucho a esas Biblias de páginas impecables, sin arrugas, con un olor a nueva, a cerrada, a ignorada, sin anotaciones a mano, sin subrayados.

Dejarnos de rollos y encontranos frente a la Biblia abierta, de cara con un Dios "emplabrado". Una Palabra que, paradójicamente, nos silencia y nos hace hablar escuchar y de otra manera. Una Palabra que nos urge a comunicarnos desde otras claves, sin tantos remilgueos. Una Palabra que nos invita a contagiar, una veces, silencios, otras a ser como un eco de esa Palabra siempre oportuna pero a veces en momentos, quizáinoportunos.
Menos rollo, decimos coloquialmente cuando alguien quiere tomarnos el pelo. Menos rollo, menos palabrería en su Nombre, y más des-enrrollo: ¡Jesús se ha puesto en pié! Cálate y escucha!