miércoles, 29 de abril de 2009

EN PERSPECTIVA DE MUJER


No hace falta ser muy list@s para darnos cuenta de que en la Iglesia, la mujer sigue siendo, una figura "de segunda", alguien de la que se puede sacar mucho provecho a la hora de realizar ciertas tareas que siguen teniendo mucho que ver con su condición de mujer: limpieza y decoro de los templos (a veces costeando, del propio bolsillo lo que cuestan los productos de la limpieza), cuidar de que todo esté a punto para cuando el presbíetro salga "revestido de la dignidad sacerdotal" pueda celebrar la eucaristía, preparar trabajos para la catequesis, sin que la Parroquia ponga ni un sólo folio, ni tinta ¡por no hablar de ordenadores y otros útiles utilísimos...! cuando no, viajes a los pueblos para llevar la imagen de una Iglesia misionera, comprometida, que busca el contacto con la gente sencilla que se siente como marginada eclesialmente (la gasolina corre a cuenta propia, evidentemente)...

La mujer, por decirlo de una manera llana, le saca al cura muchas castañas del fuego ¡Eso sí, el prelado casi nunca se preocupa de preguntarle si se ha quemado las manos al retirarlas!

Conozco mujeres -¡viven a unas cuantas manzanas de mí!- que, semana tras semana, se dedican a limpiar el templo. Curiosamente, y sin saber del todo por qué, a veces se llevan una reprimenda del presbítero, o una mala cara, o un mal gesto, sólo por el hecho de llegar cinco minutos tarde "a su oficio", o porque no hacen el trabajo como a él le gustaría, o...

Hombre, señor cura, sea quien sea, esté donde esté, por favor, ya que las féminas le tienen el templo tan limpito y sus ropitas sagradas tan pulcras y planchaditas ¡qué menos que invitarlas a comer el día de la faena!; eso, por no animarlo a prodigarles una sonrisa añadiendo un "gracias" sincero al final del fregoteo, ¿No le parece? ¿O le parece excesivo?

Imagínese, señor cura, que un día se da usted con una de esas mujeres echadas pa´lante, que le planta cara, que le dice que tiene usted mucha, eso, cara. ¿Cómo reaccionaría vuestra paternidad? Indignado, seguro.

Catalina de Siena, mujer santa que hoy nos propone la Iglesia para que sepamos por qué cauces discurríó su azarosa vida (y eso que era medio monja, concretamente Terciaria dominica), tuvo la osadía de hablar con una claridad meridiana, de decir la palabra oportuna en el tiempo oportuno. Además -¡qué mujer!-, no la apabulló ni la arredró la tiara, ni la ampulosidad, ni la suma dignidad de los eclesiásticos; el Papa y muchos por debajo de él, tuvieron que escuchar la palabra incómoda que los confrontó con su incoherencia.
Algunos califican a Catalina de heroína ¡En verdad que lo era! Sin embargo, hoy, en nuestras iglesias, sigue habiendo muchas "catalinas", es cierto, con las mismas "letras" que la de Siena (ni siquiera sabía leer ni escribir) que con su hacer, su estar, "sobresaltan" nuestras conciencias; son mujeres que callan y aguantan por amor al Señor, por servicio a la Comunidad cristiana. Rompo una lanza por todas ellas.