lunes, 11 de mayo de 2009

COMO AVES MIGRATORIAS EN EL INFINITO DE DIOS


Ayer llegamos al Puerto de Santa María, todo un lujo para quienes pasamos la vida circunscritas a unos cuantos metros cuadrados que, por muchos que sean, siempre son pocos e insuficientes para que la mente, el espíritu, el cuerpo también, se expansionen, respiren otros aires, sientan otras brisas, deambulen por otras playas...

Vinimos cinco. Nos encontramos a 16 más. Somos en total veintiuna monjas de diferentes lugares; vinculadas por lo que nosotras llamamos LA FEDERACIÓN, que es como nuestra Casa común, como una de esas grandes posadas de pueblo, con muchas habitaciones (cada una de las cuales vendrían a ser nuestros conventos: Montilla (Córdoba), Cáceres, Badajoz,Sevilla, Campanario, Almendralejo.

¡Ah!. También está con nosotras un fraile de esos de los que san Francisco quería tener "una selva" (muchos) en su familia carismática: sencillo, fraterno, paciente, humilde, pobre... ¡Un hombre de Dios! Su nombre Manuel. ¡Qué curioso, Enmanuel significa Dios con nosotr@s) Ahora y aquí, por el hecho de ser él sólo, es el "bendito entre las mujeres". Además, es un hombre con mucha sensibilidad, con una profunda experiencia de Dios, más que palpable en sus gestos, en sus palabras, en su trato...

A tod@s nos reúne un proyecto de formación que se planifica a comienzo de año, de todos los años con miras a favorecer, a través de diversos Encuentros, la formación de las Hermanas Clarisas.
Concretamente, en éste prevalece la convivencia, el trato cercano, la alegría de sabernos y sentirnos hermanas, llamadas por el Señor a hacer camino común con sentido de evangelio. La mayoría de las participantes pasan de los ochenta ¡Como ná! Y a alguien podría sugerirle una pregunta casi lógica: ¿Pero, qué van a aprender estas Hermanas que han acumulado sapiencia a lo largo de tantos años?. Es verdad que la vida es una escuela de puertas siempre abierta, pero, ellas, las Hermanas, sin pretenderlo, se han convertido en maestras de vida para nosotras, las más jóvenes (yo me cuento entre estas tales, faltaría más...)

De Llerena (de donde soy), vinimos Mariana, Celina, María de los Ángeles (que, por cierto, es natural del Puerto de Santa María y criada, bien criada, en san Fernando), Rosario, que es nuestra "supe" y yo.

La Comunidad, la mía, la de Llerena, no es que se haya quedado sin "maestras de vida" por que éstas que acabo de mencionar hayan "emigrado" (en una KIA CARNIVAL, por autopista) al sur de España, como las aves, buscando otro contexto vital.
Con mis hermanas: Pilar, Wicha, Verónica, Sole, Lulú, la Chave, María, Fátima y Cecilia, se ha quedado "mi Nati", una hermanita de ochenta y un años que no ha podido venir a este precioso lugar, porque ya no está para salir de casa... Tiene alzheimer. La vida impone sus límites y ¡ay de quien intenta traspasarlos!

Desde aquí un besito a mi Nati y saludos a mis hermanas que la están cuidando con un amor y una ternura infinitas. Para todas ellas, mi cariño y mi recuerdo, tan inmenso como el mar. ¡Nunca mejor dicho!