lunes, 25 de mayo de 2009

EL MUNDO, QUE NO LAS NUBES


Anuncio de la Buena Noticia de Jesucritos, Hijo de Dios según san Juan 16, 29-33


En aquel tiempo, dijeron los discípulos a Jesús:- «Ahora sí que hablas claro y no usas comparaciones. Ahora vemos que lo sabes todo y no necesitas que te pregunten; por ello creemos que saliste de Dios.»Les contestó Jesús:- ¿Ahora creéis? Pues mirad: está para llegar la hora, mejor, ya ha llegado, en que os disperséis cada cual por su lado y a mí me dejéis solo. Pero no estoy solo, porque está conmigo el Padre. Os he hablado de esto, para que encontréis la paz en mí. En el mundo tendréis luchas; pero tened valor: yo he vencido al mundo.»


COMENTARIO


Cuando anoche leía la Palabra del Señor, tuve que remontarme muchos siglos atrás en la historia para reencontrarme con aquellos primeros hombres (seguramente que también habría algunas mujeres, pero de ellas se sabe más bien poco, y se dice casi nada, nada) san Antonio Abad, el primer anacoreta, san Pacomio (el iniciador de la vida cenobítica), Pablo, y algunos otros quienes, a comienzos del siglo III, después que el emperador Constatino concediese por el Edicto de Milán la tolerancia del cristianismo en el imperio romano (por entonces no era la religión oficial del imperio, que eso llegaría poco después), dieorn origen a eso que en la tradición cristiana se conoce como la fuga mundi, esto es, la huída del mundo.

Parece ser que a estos hombres santos les resultó bastante incómodo encontrar su sitio en ese nuevo escenario social, cultural y religioso que surgía plagado de ambigüedad y donde cada uno profesaba la religión que mejor le convenía; donde se ofrecía culto a un si fin de dioses, empezando por el propio Emperador Constantino quioen, digámoslo claramente, al "favorecer" el movimiento cristiano, le hizo más mal que bien a la Iglesia, pues no dejó de manipularla a su antojo y de la que se sirvió, políticamente hablando, para consolidar su hegemonía.

No está d emás recordar que fue Constantino (copio y pego el texto que he encontrado en una página de historia, en internet) "quien colmó de privilegios a los cristianos y elevó a muchos obispos a puestos importantes, confiándoles, en ocasiones, tareas más propias de funcionarios civiles que de pastores de la Iglesia de Cristo. A cambio, él no cesó de entrometerse en las cuestiones de la Iglesia, diciendo de sí mismo que era «el obispo de los de afuera» de la Iglesia. Las nefastas consecuencias de tal situación no fueron previstas entonces. Debido, sin duda, al agradecimiento que querían expresar al emperador que acabó con las persecuciones, los cristianos permitieron que éste se inmiscuyera en demasía en el terreno puramente eclesiástico y espiritual de la Cristiandad. Las influencias fueron recíprocas: comenzaron a aparecer prelados mundanos que en el ejercicio del favor estatal que disfrutaban no estaban, sin embargo, inmunizados a las tentaciones corruptoras del poder y daban así un espectáculo poco edificante.

Como reacción a esta secularización de los principales oficiales de la Iglesia, insisto, surgieron el ascetismo y el monasquismo, que trataban de ser como una vuelta a la genuina vida de la primeras comunidades cristianas

En una situación como la descrita, de manera tan breve, estos santos varones buscaron en la Tebaida (Egipto), el lugar idóneo donde mantenerse fiel a la verdad del Evangelio. Para conseguirlo llevaron a cabo una ruptura radical, no con el mundo, sino con los valores y las acetogorías por las que se regía en ese momento histórico, la sociedad y la cultura de entonces. Le dieorn la espalda, lo reitero de nuevo, no al mundo como tal sino a las estrucuturas que lo sustentaban,
Desde aquel lejano entonces ha seguido habiendo hombres y mujeres (me cuento entre ellas) que hemos ido haciendo otro tanto al optar por una forma de vivir en consonancia con el Proyecto de Jesús, es decir, con una Forma de vida que encuentra el sentido en la vida y en el mensaje liberador de Jesús. No de espaldas al mundo (aunque habitemos el monasterio, que los muros son de cristal...) sino inmersas en él, sobradamente conocedoras de la realidad socio-política, cultural, ecónómica, eclesial... en fin. Que, a fin de cuentas sólo se entera de que vive quien vive...
Es cierto y verdad que la Iglesia se empeñó a lo largo de muchos siglos en sobredimensionar y recomendar a las mujeres y los hombres "verdaderamente religios@s", este rechazo del mundo, esta separación, este odio hacia el mundo. Por eso, parecía que el Evangelio estba al alcance de estos grupos. ¡Madre mía de mi vida! Y Dios, faltaría más, "en el bote".
Fue el Vaticano II quien puso de relieve la necesidad y el compromiso de tod@s los cristian@s por ser "levadura en la masa", entiendáse lo d ela masacomo el mundo. Era hora de recuperar la espiritualidad de lo cotidiano, salpicando de evangelio la realidad humana, es decir, de dedicarse no tanto a la devoción cuanto a la obligación haciendo de ésta trampolín para aquélla. ¿Cómo vivir una fe de espaldas al mundo, a la historia, a los hombres y mujeres que pueblan calles, nuestros pueblos y ciudades? ¡Suena un poco a surrealismo, ¿verdad?! ¿Qué decir en este sentido d ela vida y del quehacer de Jesús en su etapa histórica, pringándose como el que más para establecer un orden nuevo de ser, de estar, de concebir, d eproyectar...?

Todo esto viene a cuento porque el evanglista Juan pone frecuentemente en boca de Jesús , como hace hoy, el término mundo y, siempre nos da la impresión de que tiene connotaciones negativas. Baste de ejmplo algunas citas de su evangelio: "Yo les he comunicado tu Palabra; pero el mundo l@s odia porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. No te pido que l@s saques del mundo, sino que los protejas del mal. Así como yo no soy del mundo, tampoco ell@s son del mundo; "El mundo os odiará porque me ha odiado a mi primero" "En el mundo tendréis luchas pero tened valor, yo he vencido al mundo", etc.

¿A qué mundo se refiere Jesús? ¿Será acaso a éste en el que, parafraseando a san Pablo, "somos nos movemos y existimos"?. ¿Es tan perverso el mundo para que le demos la esplada, lo odiemos o lo ignoremos? ¿No será más bien que somos nosotr@s los que lo hemos pervertido con nuestras más que evidentes injusticias, nuestra mentira, nuestra oscuridad, en definitiva, con nuestro pecado que siempre tiene que ver con el/la otr@, con su dicha o desdicha?

Buena ocasión la que hoy nos brinda la Palabra del Señor para examinar nuestra actitud ante el mundo, ante la vida y la historia, términos que podrían ser sinónimos. La Palabra HOY nos regala la posibilidad de ejercer algo tan saludable y construcitivo (si se hace acertadamente, claro) como es la crítica, o mejor aún, la autocrítica: ¿Quien soy yo y qué hago en el mundo? ¿A qué llamo mundo? ¿Cómo me implico en hacer de él un lugar habitable, huamno y humanizador?.