martes, 26 de mayo de 2009

Vida eterna ¿cuándo, dónde cómo?


De la Buena Noticia de Jesucristo, Hijo de Dios, según san Juan 17, 1-11a


En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo:- «Padre, ha llegado la hora, glorifica a tu Hijo, para que tu Hijo te glorifique y, por el poder que tú le has dado sobre toda carne, dé la vida eterna a los que le confiaste.Ésta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo.Yo te he glorificado sobre la tierra, he coronado la obra que me encomendaste.Y ahora, Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese.He manifestado tu nombre a los hombres que me diste de en medio del mundo.Tuyos eran, y tú me los diste, y ellos han guardado tu palabra.Ahora han conocido que todo lo que me diste procede de ti, porque yo les he comunicado las palabras que tú me diste, y ellos las han recibido, y han conocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me has enviado.Te ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por éstos que tú me diste, y son tuyos.SI, todo lo mío es tuyo, y lo tuyo mío; y en ellos he sido glorificado.Ya no voy a estar en el mundo, pero ellos están en el mundo, mientras yo voy a ti.»


COMENTARIO


El lenguaje de Juan, evidentemente, no es accesible. Nos resulta, cuanto menos, excesivamente denso. Aclara poco. Nos deja con la impresión de habernos quedado bastante confus@s.

En este tema se trata de retomar la cuestión que comentábamos ayer,es decir, el intento reiterado y machacón por nuestra parte de "separar" lo que en sí es inseparable: lo humano y lo divino que nos habita, que nos configura, que nos hace ser lo que somos.

Del texto me quedan resonando las palabras de Jesús, aclarandonos en qué consiste esa vida eterna que nosotr@s hemos pensado y ubicado en un más allá incierto y difuminado , cuando todo se juega en este "más acá", en esta orilla del día a día.

Creo que la oración de san Agustín que ahora voy a trasncribir a esta página, puede iluminarnos la Palabra del evangelio de este día y, sobre todo, puede poner criterio y sentido común en la manera de cómo entender esa vida eterna hacia la que vamos haciendo camnio desde nuestro en el presente y que, sin duda, deja de ser sino una prolongación de lo que vamos viviendo en este ahora que tenemos entre las manos.

El evangelio del día de la Ascensión de Jesús lo deja meridianamente claro cuando aquell@s discípul@s, al ver que el Maestro se les "escapaba" y los dejaba en situación de ejercer su reponsabilidad, optan por mirar embobad@s al cielo. Fue en ese momento de dejadez y de nostalgia cuando hubo que "ponerl@s al loro. Era mucho lo que les quedaba por hacer para prolongar las actitudes y los sentimientos de ese Jesús Compasivo en un mundo extraño, hostil, como el nuestro.


Ahí va la lúcida oración de san Agustín. No es siuciciente leerla de corrido. hay que detenerse, implicarse.



No reces a Dios mirando al cielo, mira hacia dentro.

No busques a Dios lejos de ti,
sino en tí mism@...
No le pidas a Dios lo que te falta:
¡búscalo tú mism@!, y Dios lo buscará contigo,
porque ya te lo dio como promesa
y como meta para que tú lo alcances...
No reproches a Dios por tu desgracia;
¡súfrela con Él! y Él sufrirá contigo;
y si hay dos para un dolor, se sufre menos...
No le exijas a Dios que te gobierne
a golpe de milagros desde afuera;
¡gobiérnate tú mism@!
con responsable libertad, amando,
y Dios te estará guiando
¡desde adentro y sin que sepas cómo!..
No le pidas a Dios que te responda
cuando le hablas; ¡respóndele tú!,
porque Él te habló primero;
y si quieres seguir oyendo lo que falta
escucha lo que ya te dijo...
No le pidas a Dios que te libere,
desconociendo la libertad que ya te dió.
¡Anímate a vivir tu libertad!
y sabrás que sólo fue posible
porque tu Dios te quiere libre...
No le pidas a Dios que te ame,
mientras tengas miedo de amar
y de saberte amad@.
¡Ámalo tú! y sabrás que si hay calor
es porque hubo fuego,
y que si tu puedes amar
es porque Él te amó primero.


¡Como ná!